Somos una iniciativa comunal, perteneciente a la cultura Wachiperi, que tiene el objetivo de integrar las percepciones y prácticas tradicionales del grupo con sus actuales requerimientos de ingresos económicos para la mejora de nuestra calidad de vida, determinando que para ello la mejor alternativa se constituye a partir de la prestación de servicios turísticos, ofreciendo a los visitantes los recursos culturales y naturales existentes nuestro territorio comunal. Nuestra comunidad es una organización autónoma afiliado a la estructura orgánica de los pueblos indígenas del Perú como la Asociación Interétnica de Desarrollo para la Selva Peruana –AIDESEP, la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes- FENAMAD, el Consejo Harakbut- Yine- Matsiguenka- COHARYIMA y al Ejecutor del Contrato de Administración de la Reserva Comunal Amarakaeri- territorio ancestral del Pueblo Harakbut. Pertenecemos al sub grupo étnico Wachiperi, de la familia lingüística Harakbut, inscrita en el Folio N° 18 del Tomo N° 01, del Registro Nacional Desconsolidado de Comunidades Nativas mediante Resolución Jefatural N° 140-AE-ORAMS VII-74 de fecha 04-10-1974, de conformidad con lo dispuesto por el Decreto Ley N° 20653, por lo que tiene existencia legal y personería jurídica. Desde el año 2015, constituimos la Empresa Comunal de servicios turísticos, denominado Tours Queros Wachiperi SAC, donde somos socios y directivos los propios comuneros.
Un pueblo en el corazón del bosque
En las riberas del río Queros, donde la neblina abraza las montañas y el canto de las aves despierta cada amanecer, vive la Comunidad Nativa Queros Wachiperi. Fundada en 1974, esta comunidad es heredera de un linaje amazónico que aprendió a dialogar con la selva, a escuchar sus secretos y a proteger su espíritu.
Su nombre, Wachiperi, significa “los que hacen puentes” o “el brote nuevo del árbol muerto”. Y así han sido: un puente entre el pasado y el futuro, entre la memoria de sus ancestros y la esperanza de sus hijos.
Conservación como legado
La comunidad ha decidido que su riqueza no se mide en oro ni en madera, sino en árboles que siguen en pie, en ríos que fluyen libres, en aves que aún cantan. Con el apoyo del Programa Nacional de Conservación de Bosques, han convertido su territorio en un ejemplo de autogestión y defensa ambiental.
Su visión es clara: un pueblo que vive en armonía con la selva, que conserva para las generaciones que vendrán.
